Mazo de descartes

Viaje a Luciana (II) La leyenda de María La Egipcia

| 0 Comentarios

Luciana y El Bullaque

Luciana y El Bullaque

Volvemos a viajar de nuevo a Luciana, otra vez caminaremos entre los encinares, los jarales y las acogedoras riberas del Guadiana y del Bullaque. De nuevo escucharemos la berrea de los venados y el ulular de los búhos en una noche clara de primavera. Pero el objetivo de hoy es adentrarnos en las voces de sus gentes, en sus creencias y sus historias.

Este viaje a Luciana nos servirá para conocer la leyenda de Santa María Egipciaca. Una leyenda única que comparten muy pocos pueblos de España y que llega a Luciana desde la lejana Alejandría. Una historia que mezcla cultura, religión, ecos de civilizaciones y pueblos del pasado. Escuchemos pues las voces del pasado a ver que nos cuentan…

Las leyendas de María de Egipto.

La leyenda universal.

La leyenda sobre María la Egipcia que más extendida se encuentra es la que nos relata Sofronio, Arzobispo de Jerusalén durante el siglo VII d.C y es la que la Iglesia católica reconoce como oficial y verdadera. Os la voy a contar con mis propias palabras, tal y como yo la imaginé cuando la leí por primera vez y seguro que os resultará extrañamente familiar…

María era una joven curiosa que solía otear el horizonte desde el ventanuco de su casa, Egipto se le hacía pequeño cuando se trataba de soñar con otras tierras, conocer otras gentes en definitiva vivir otras vida. Solo contaba con doce años y su camino ya se hallaba trazado pues, pronto la casarían y la obligarían a tener hijos. Era demasiado pronto. Pero Dios le tenía reservado otro destino, una aventura, al menos así pensaba María. Y así lo haría cumplir.

Una silenciosa noche, en la que todos ya dormían recogió su ato y escapó de su casa. Se despidió de su padre en un susurro que fue tapado por la serena respiración del patriarca y el sonido de los grillos. María se enjugó las lágrimas de miedo y vergüenza cerrando la portezuela de madera. Se echó el ato al hombro y se perdió entre la oscuridad amiga.

Durante varios días vagó por los caminos rumbo hacia Alejandría, siguiendo las indicaciones que le daban las gentes que encontraba a su paso. No había forma de orientarse pues algunos peregrinos le decían que siguiera el aroma del mar, pero María nunca había visto el mar, solo la aridez del desierto y la refrescante humedad del Nilo. Amaneció un día y otro, y luego varios más. Las provisiones se agotaron y empezó a pasar hambre y sed. Las carnes desaparecieron y la piel se pegó al hueso. Su rostro antes joven y sonrosado se convirtió en un rostro afilado y cetrino. Por fin después de muchos penares llegó a la bella Alejandría, donde habría de trabajar duro y pelear por sobrevivir.

faro_alejandria

Los años transcurrieron, decenas de lunas pasaron y María había madurado y prosperado. Sus rasgos ya no eran los de una niña y se había convertido en una de las mujeres más celebres y bellas de Alejandría. Su tez morena y su figura robusta era muy envidiada.  Era la reina de las fiestas y las cenas de la ciudad y algunas personas la criticaban por ello. Un día como otro cualquiera María conoció a un grupo de peregrinos que se proponían viajar hacia Jerusalén. Por su afán de aventuras y conocer mundo se unió a ellos y juntos embarcaron hacia tierra santa. Algunos de los marineros y peregrinos del barco se opusieron a compartir la travesía con la joven pues la consideraban una pecadora y creían que les daría mala suerte. María les convenció con sus artes diplomáticas y seductoras de que nada malo les ocurriría.

Sin embargo no fue así. Días después de zarpar del puerto de Alejandría una fuerte tormenta les alcanzó en altamar. La tempestad vertía toda su furia contra las olas y estas batían con fuerza sobre el casco del barco que estaba a punto de resquebrajarse. Los peregrinos culparon a María, pues pensaron que se trataba de un castigo divino y la condenaron a morir ahogada llamándola bruja. María muy asustada comenzó a orar en alto y fue justo en ese momento cuando la tormenta cesó y el sol salió tras un cielo plomizo que ya se retiraba. Fue entonces cuando María decidió unirse a la orden de peregrinos y llegar a Jerusalén como una peregrina más.

Nada más pisar las tierras de Jerusalén, María acompañó a los peregrinos al templo. Pero una sorpresa le esperaba a sus puertas. María vio unas manos gigantescas que parecían surgir del mismo cielo que le impedían entrar en el lugar sagrado. María lo volvió a intentar y sin éxito. El hombre que lideraba el grupo de peregrinos se acercó hacia la joven que lloraba triste y humillada. El peregrino le aconsejó que se retirara a algún lugar a meditar para encontrar en su corazón el amor y su objetivo en la vida, luego desapareció entre las sombras del templo.

María siguió su consejo y se retiró a vivir al desierto como una eremita. Logró sobrevivir comiendo los frutos del desierto y algunas alimañas que allí moraban. Un día de sol intenso, la mujer creyó ver una figura  humana y no erró en su visión, pues un monje cuyo nombre era Zósimo se aproximó al lugar atraído por las leyendas que las gentes contaban sobre la mujer del desierto. María le narró su historia y poco a poco surgió entre ellos una profunda amistad. El monje acudía cada año al desierto a verla para contarle las novedades del mundo y María le hablaba a cerca de su soledad y sus conversaciones con la naturaleza.

María-de-Egipto-2

Una tarde calurosa Zósimo llegó a la vivienda de su amiga, pero no halló ni rastro de ella. La llamó y la buscó con desesperación hasta encontrar su cuerpo inerte y mitad sepultado por las arenas calientes del desierto. Sobre la tierra asomaba una manta que el monje le había regalado tiempo atrás. Apenado por la suerte de la mujer y sorprendido por el estado incorrupto de su cuerpo decidió enterrarla en el desierto. Cuando cavaba su tumba un león apareció de la nada, como un espejismo y se tumbó al lado del cuerpo de la peregrina. Zósimo le habló al león y le acarició y este una vez enterrado el cuerpo de María se alejó por el horizonte rojizo del atardecer.

1227521900_nolde_maria

El monje se encargó de proteger y venerar la tumba de María quien desde el más allá se encargaba de proteger a los peregrinos de Jerusalén y hacer realidad sus buenos deseos. A veces en los anocheceres se puede ver un león que camina a las afueras de Jerusalén; es el guardián de la Dama del Desierto .”

Esta bonita leyenda, muy semejante a la leyenda mística de María Magdalena entro a través del sur de España y llegó a Luciana a través de la Vía de la Plata. Las órdenes religiosas, como las de San Antonio Abad y otras órdenes posteriores, muchas de ellas influidas por los templarios, se encargaron de difundirlas por Europa. Esta leyenda se encuentra en esta localidad mezclada con otras de origen ancestral.

Las leyendas de Luciana

La leyendas locales sobre María la Egipcia surgen a raíz de la unión de las historias de los diferentes pueblos que pasaron por aquí, celtíberos, fenicios, romanos y sus dioses, mozárabes y cristianos con sus curanderas y órdenes religiosas durante la Edad Media… Todos y cada uno portaron su granito de arena.

Aquí os cuento algunas de las leyendas más conocidas, las que por tradición oral han llegado a oídos de las nuevas generaciones.

“Erase una vez tiempo atrás, cuando los pueblos de Luciana y Abenojar compartían a su santa, María la Egipcia y celebraban juntos su romería a orillas del río Guadiana; un grupo de romeros llevaba la pequeña imagen de la venerada egipcia de vuelta a Abenójar, pues después de una ardua discusión habían llegado al acuerdo de que ese año la “diosa” de la comarca descansaría en la localidad vecina hasta el año siguiente.

Mientras caminaban rumbo a Abenójar cantando, bebiendo y hablando sobre todo lo acontecido aquel día, uno de los romeros cayó en la cuenta de que la figura de María ya no iba con ellos. Sin poder hallar explicación al misterioso suceso comenzaron a buscarla por los alrededores, bien pudiera haberse caído. Luego de un rato buscando por las orillas del río, los zarzales, barrancos y matorrales desandaron el camino para dar la alarma a los habitantes de ambas villas. ¡Su patrona había desparecido! 

Fue ya de anochecida cuando una lugareña de Luciana, guiada por una mística intuición entró en la ermita dispuesta a orar por el milagro de que apareciera. Cuando volvió a abrir los ojos, la figura se hallaba en su sitio, sin un rasguño ni mota de polvo. Rauda la mujer corrió a avisar a sus convecinos quienes al entrar en la ermita no podían dar crédito a lo que veían.

Los romeros no pudieron explicar lo acontecido, pues con nadie se habían cruzado durante el trayecto, ni los ojos hubieron cerrado en momento alguno. Rápidamente lo achacaron a un milagro y los lucianegos pensaron que había sido la propia Santa quien había decidido marchar de vuelta a Luciana. Desde entonces María la egipcia reposa en la iglesia de Luciana donde se cuenta que hizo varios milagros.”

Esta leyenda tiene claramente orígenes católicos. Sin embargo otras leyendas y costumbres en torno a María tienen orígenes más antiguos. Un ejemplo: “la leyenda de Santa María Egipciaca va unida a una curandera, que durante la Edad Media componía sus brebajes para sanar a los habitantes de la villa de Luciana y sus alrededores. También se cuenta que la imagen de María Egipciaca vestida con una túnica blanca se aparecía a los que estaban a punto de ahogarse en las aguas del río e incluso pastores y caminantes que se perdían en los bosques.”

Festividad de María Egipciaca.

Luciana celebra la festividad de Santa María Egipciaca el día 2 de abril. El rito consiste en la celebración de una romería junto a los ríos Guadiana y Bullaque, al pié del sagrado mortero que tantas leyendas nos cuenta, tanto de María la egipcia como de otras figuras paganas.

La romería consiste en pasar un tiempo con los vecinos del pueblo, cocinar unas migas para compartirlas entre todos (concurso gastronómico) y recordar las leyendas que rodean esta mítica figura y de las cuales ya hemos hablado antes.

Ya por la tarde, se celebra una misa en honor a la santa y se lleva en procesión desde la iglesia parroquial (donde se guarda su figura) al área recreativa donde se encuentra el mortero y lugar de la romería. Allí se cantan sus himnos y se le ruegan buenas cosechas. Si la comarca padece de sequía prolongada se le cantará para que traiga las lluvias con su poder pues es la “diosa” del lugar.

Una vez acabada la ceremonia, se la lleva de nuevo en procesión hasta su hogar donde descansará hasta el siguiente año.

 

Mortero

Mortero

 

El mortero donde se celebra la romería tiene otra leyenda relacionada directamente con la historia de María de Egipto. Es una especie de fuente de los deseos pero en vez de monedas se arrojan piedrecitas del río. Para que surta efecto debes sentarte tranquilamente, meditar sobre lo que quieres, invocar a Santa María Egipciaca y pedirle el deseo. Acto y seguido, se tira la piedra dentro del mortero. Si la piedra cae dentro y lo has deseado con mucha fuerza, de seguro que el deseo se cumplirá.

Tal y como cuenta la historia, María de Egipto sigue cuidando de los peregrinos de corazón.

Paseo primaveral (La Junta, Luciana)

Paseo primaveral (La Junta, Luciana)

2012_04_01_No_04-Procesion+Sta_+Maria+Egipciaca+en+Luciana

Procesión

Autor: Morgana

Crea magia con tus propias manos porque como un sabio dijo un día "la vida es sueño y los sueños, sueños son."

Deja un comentario

Campos requeridos marcados con *.


A %d blogueros les gusta esto: