Mazo de descartes

Días felices

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Me encontraba sentado en el suelo, la espalda apoyada en una piedra, el cielo sobre mi cabeza oscurecía por momentos, era cuestión de minutos que comenzara a llover. El campo de mi alrededor, yermo y desolado, plantado de cuerpos, teñido de rojo por la sangre de los que habían padecido, los que aún se aferraban a la vida con sus llantos y lamentos. La atmósfera era atroz, digna del final de una batalla.

Tenía frío, no encontraba consuelo, bajé la mirada a mis manos, efectivamente, estaban llenas de sangre, de mi sangre. Al levantarlas pude comprobar que la herida de mi vientre era tan grave como pensaba, no tenía otra opción que esperar la llegada de mi muerte. Los pensamientos inundaban mi mente, los recuerdos de toda mi vida venían claramente, no he sido el mejor hombre, simplemente he cumplido con los destinos que me han tocado vivir.

“…Sigo pensando que lo que perdí aquel día jamás se ha visto compensado con las riquezas, ni las mujeres ni cualquier otra cosa. La vida que he malgastado corriendo tras mi espada y la sangre, los kilómetros recorridos por caminos polvorientos, los años de penurias y los no tan comunes de abundancia, que haberlos también los ha habido, no consiguen impedir que las lágrimas sigan recorriendo mis mejillas.

Jamás olvidaré sus ojos rojos por el llanto, su gesto de incredulidad, su intento vano por intentar retenerme… sí, sin duda fue una de las mejores épocas de mi vida, la más tranquila, fue la única persona que consiguió que colgara la espada, que disfrutara de los placeres de la vida, con sus pequeños pero gratificantes momentos. Tuvimos dos hermosos hijos, fuertes como robles, listos como halcones, cariñosos y buenas personas. Ha habido otros después, y otros que jamás conocí, pero ninguno como ellos.

Maldito el día que la sangre y el acero se volvieron a cruzar en mi vida, nunca volví a mi hogar, nunca lo olvidé, siempre fue un propósito incumplido. Aquel día volví a llenar la mente de mentiras cuando pasó junto a la granja aquella compañía de mercenarios, con sus fanfarronerías y oscuras vidas, con las manos llenas de heridas y los bolsillos de falsas promesas. La vida mercenaria es así, una vida llena de eternas promesas de riqueza y las manos llenas de sangre.

Jamás la olvidaré cuando la dije que solo será una campaña, a mi vuelta viviremos mejor con todo el oro conseguido, cuida de los chicos hasta mi regreso. Nunca regresaré, nunca la volveré a ver, nunca más he vuelto a ser tan feliz.”

Autor: Adokin

Con una buena cerveza, buena comida y una mejor compañía se puede hacer de todo, incluso un blog.

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