Mazo de descartes

El personaje

| 0 Comentarios

nazgul_drawing-wallpaper-480x800-¡Damas y caballeros! La fiesta dará comienzo en breves instantes!- anunció la megafonía.

El camarero obsequió a Leyre con una copa de Gin Tonic. ¡Qué menos! Ella era la protagonista del evento. No estaba acostumbrada a ser el centro de atención y por eso se encontraba muy nerviosa. Intentó respirar profundamente pero el calor que le producía aquel elegante vestido negro hizo que se decantara por tomar un buen trago. Era la segunda copa que bebía, debía moderarse si no quería parecer ebria delante de su jefe y los cientos de invitados.

Leyre miró a su alrededor, el lugar no podía ser más idílico; un palacete restaurado del siglo XVII. Se trataba del hogar de Maxi, su excéntrico editor. Cualquier adorno por nimio que fuera estaba considerado una valiosísima obra de arte y la tenue luz hacía experimentar a los asistentes una especie de hechizo bien calculado por el anfitrión.

Maxi se acercaba hacia ella, parecía murmurar algo ininteligible entre sonrisas.

– ¿Qué haces aquí sola y bebiendo, rubia? ¡Tienes que prepararte, ya!

Leyre respiró hondo evitando eructar, tenía hipo y estaba mareada. Trató de mantener la compostura mientras Maxi le daba algo en la mano.

Toma querida, el libro. Mira la portada. ¡Oh, sorpresa! Cómo tu querías ¿no?- Le dijo dándole unas palmaditas en el hombro.- ¡Inspírate!

La joven quedó atónita con la nueva portada de su libro. No esperaba que el orgulloso Maxi le hiciera aquel regalo. La misteriosa silueta plasmada en la pasta del libro recogía toda su fuerza y esencia. Era el personaje y la clave de su obra.

¡Gracias Maxi! Es todo un detalle por tu parte– Contestó ella proporcionándole un beso insinuante en la mejilla.

¡Bienvenidos a todos a la presentación de este fascinante libro de magia y aventuras! – Anunció el showman- ¡Tengo el honor de presentarles a la maravillosa Leyre Cuevas!

Leyre subió al atril entre aplausos temerosa de dar un mal paso. ¡Maldito Gin Tonic! Sin embargo la voz salió liberadora de su garganta con gracia y seguridad. De vez en cuando miraba la portada del libro mientras se limpiaba las gotas de sudor que manaban en su escote. Era un buen regalo para una noche como aquella. Sin duda debería dar las gracias al equipo de ilustradores de la editorial por el enorme trabajo que habían realizado. Se concentró en su discurso aunque las letras bailaban entre brumas sobre el folio.

Gracias a la diosa fortuna, el tiempo transcurrió veloz. Ya comenzaba a pronunciar los agradecimientos pertinentes cuando alguien entró dando un portazo. Una fuerte corriente de aire frío se extendió por la sala, las luces titilaron y alguna se apagó. Leyre dio un respingo pero al ver que nadie se inmutaba ante tan repentina irrupción prosiguió con su discurso. Pero el desconocido, lejos de permanecer al fondo de la estancia, inició un periplo hacia el atril. Sus pasos retumbaban en el aire rompiendo el silencio que extrañamente continuaba; de la capucha oscura que ocultaba su rostro resbalaban hilos de agua, fuera debía estar lloviendo.

Ante la inminente llegada del encapuchado, Leyre volvió a interrumpir sus palabras y los invitados comenzaron a murmurar molestos.

Leyre sintió como el vello de la nuca se erizaba poco a poco y un fuerte escalofrío recorrió su cuerpo cuando se encontró frente a frente con aquellos ojos ámbar. Fue cuando el encapuchado descubrió su rostro.  Leyre palideció y sus manos soltaron el libro que cayó al suelo con un fuerte estruendo. Así quedó abierto por el capítulo dos y arriba en letra gótica se leía EL PERSONAJE. Miró de nuevo la página abierta para después intentar leer en las líneas de aquel rostro. Todo carecía de sentido. Pellizcó su muñeca izquierda.

– ¿Eres tú? No puede ser cierto- le habló al fin Leyre al extraño.

De nuevo escuchó murmullos impacientes y muecas raras de la gente. No entendía lo que ocurría.

– ¡Ayúdame! Estoy perdido- suplicó el joven.

Leyre pensó que debía de tratarse de una broma urdida por su excéntrico editor. Le llamó a gritos pidiéndole explicaciones pero nadie acudió a socorrerla. Todo el mundo permaneció en sus asientos.

-No entiendo por qué estas aquí. No se cómo puedo ayudarte, lo siento

El joven se agachó recogiendo el libro. Lo observó por un momento, hizo una mueca maliciosa y con un fuerte ademán señaló la portada con su dedo índice.

– ¡Lo sabes! ¡Pues tú me creaste!

Entonces Leyre lo supo; sintió que todo su mundo se tambaleaba a punto de derrumbarse. La pesadilla de cualquier escritor se acababa de presentar ante sus ojos.

Autor: Morgana

Crea magia con tus propias manos porque como un sabio dijo un día "la vida es sueño y los sueños, sueños son."

Deja un comentario

Campos requeridos marcados con *.


A %d blogueros les gusta esto: