Mazo de descartes

Los viajes de Hada (III). La selva y el Árbol del Arco iris

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untitledKhor, el elfo del lago, extiende su mano y con un simple movimiento de dedos abre de nuevo las aguas gélidas del lago. Me mira y me ordena caminar entre las paredes de agua que señalan un camino estrecho y sinuoso a través del fondo. El palacio de la reina Thais se alza detrás de mi, desfigurado por el velo traslúcido del agua. Ante la visión del palacio acaricio el colgante que Thais me había regalado momentos antes, en nuestra despedida; tenía la forma de un trisquel de nácar con una perla engarzada en el centro, ella me aseguró que me protegería durante la búsqueda.

Comienzo a andar por el sendero, Khor está a mi espalda. Vuelvo a mirar sus grandes y rasgados ojos verdes. Está invocando algo. Sí, un débil destello destaca a lo lejos, en la serena oscuridad abisal. Un temblor estremece la tierra. Tras unos instantes de expectación, un remolino se distingue en la lejanía removiendo las arenas del lago y enturbiando el horizonte. Pero es extraño, el tornado avanza en horizontal recorriendo el camino hasta acercarse cada vez más hacia nosotros. Siento mi corazón palpitar tremendamente rápido.

Su superficie es una amalgama de colores, chispas y descargas electromagnéticas que gira engullendo el espacio. Pareciera un agujero de gusano. Las paredes de agua se arquean amenazantes a su paso y una repentina corriente de aire helado nos empuja hacia su interior. Es entonces cuando siento la mano del elfo tomando la mía con fuerza.

-¡No temas Hada! Entra, es para viajar.- Me dice con su voz profunda pero casi inaudible por el estruendo.

Confío en él, no tengo otra salida y dejo que el remolino me absorba. La violencia del movimiento parece que vaya a desintegrar cada molécula de mi cuerpo pero al cabo de unos instantes, para mí eternos, siento que soy levedad y floto en un aire cargado y magnético. No puedo distinguir ninguna forma, solo líneas, puntos, colores. Quizás viajo a la velocidad de la luz. Creo que ya soy capaz de creer en cualquier cosa. De repente una fuerte sacudida, el tornado pierde fuerza y caigo al vacío.

El incesante envite de las olas acariciando mis pies me despierta; el sol ciega mi vista por un momento, ya no estoy en el lago pues siento calor. Una tibia brisa acaricia mi pelo empapado, mis manos tocan una fina y dorada arena de playa mientras intento incorporarme para averiguar dónde estoy. ¿Estoy sola? ¡Khor! Le llamo. Silencio. Vuelvo a llamarle alarmada. A no mucho tardar siento unas pisadas que provienen de la gruta donde baten las olas, es Khor. Me asombro del profundo cambio que ha sufrido este bello ser, su cuerpo antes azulado y etéreo ahora se ha tornado robusto e incluso ligeramente bronceado. Todo él se ha transformado salvo su lacio cabello ambarino y su mirada esmeralda.

Sin decir palabra, Khor me muestra un sendero que sale desde la cueva hasta perderse en lo tupido de la foresta. El paisaje parece haber salido del libro de Crusoe, quizás estoy en una isla tropical y el inmenso bosque que se extiende ante nosotros es la selva. Comienzo a andar con cautela. Un miedo atroz me invade al entender que mi compañero no vendrá conmigo. ¡Cómo va a protegerme desde la distancia!

– Ve Hada. Lo que encuentres en tu camino deberás enfrentarlo tu sola. Confía en ti, en quien eres y sobre todo en tu voz. Busca el árbol, es la clave para alcanzar la puerta.

No logro entender. Cuando vuelvo a mirarle, ya no está.

Mientras avanzo por el sendero pedregoso y resbaladizo la atmósfera a mi alrededor se vuelve insoportablemente húmeda y se enrarece por momentos. Mi cuerpo transpira ante el bochorno y los insectos gigantes se nutren de mi piel. Pero otra sensación diferente me atormenta. Siento unos ojos clavados en mí y una respiración entre ligeros gruñidos. Algo o alguien me acecha. Pongo atención en los sonidos tratando de averiguar qué cosa es sin embargo la naturaleza silva, grajea y sisea en el mediodía del mundo.

Estoy cansada, el sol está en su cenit y parezco caminar en ninguna dirección. De pronto algo se mueve detrás de unos arbustos, voy a ver aún a riesgo de perderme. Ese algo escapa al notar mi presencia, lo persigo. Corro hasta llegar a una explanada presidida por una poza y su cascada. Justo al lado de la cascada, de la que sale un intenso arco iris, se alza un árbol grandioso. Su tronco mide más de dos robustos hombres de diámetro y sus ramas ancianas pintan el azul pálido del firmamento. En la base del tronco, entre las raíces, hay un hueco oscuro; un agujero negro donde los colores del arco iris van a morir y por puro instinto se que debo refugiarme en su interior.

El suelo fresco y mojado me reconforta. Un grupo de setas se agrupan en la entrada, son muy coloridas y repletas de motas blancas, por ello no me arriesgo a tocarlas. El estómago ruge de hambre. Mirando hacia arriba puedo ver el esqueleto del tronco. Unos seres verdes y luminosos ascienden a través de su interior. ¿Qué son? parecen luciérnagas. Es mágico. Sigo en silencio y de pronto lo oigo. Pisadas, respiración y gruñidos. Ha llegado. Me pongo en guardia. Una silueta negra como la noche entra por el hueco mostrando garras, colmillos y unos ojos tan verdes como las luciérnagas. Una pantera negra, enorme y violenta se muestra frente a mí. Estoy paralizada. Busco algo con lo que defenderme, no lo tengo. Comienzo a moverme muy despacio, yendo hacia la salida. La pantera entra y se dirige a mí. Danzamos en círculo ¡A qué espera! ¡No me ataca! Cuando consigo salir del hueco, echo a correr y ella me persigue. Es más veloz, me gana. No puedo seguir huyendo. En un momento el animal salta colocándose delante de mí, en medio de la explanada. No se que hacer, voy a morir. pantera-negra-y-la-luna

Me parece escuchar ciertas palabras en mi cabeza “utiliza tu voz” y siento como el trisquel me pesa en el cuello. Lo aferro con fuerza y respiro hondo. “Mi voz”. Al momento percibo una energía enorme dentro de mí, miro a los ojos del animal y siento como si estos me hipnotizaran. Me adentro en su alma y ella parece escrutar la mía. Ruge incómoda. Entonces entiendo lo que debo hacer. Justo cuando el animal va a saltar sobre su presa, un torrente de voz sale de mi garganta. Un sonido agudo, dulce, melódico que entona una melodía inventada. La pantera queda petrificada. No comprendo que está ocurriendo. Cuando termino mi cántico se tumba, se ha rendido. Sin dejar de mirarnos me acerco a ella despacio, le acaricio el lomo y la cabeza; se que jamás podré separarme de ella.

– Te llamaré Nilo.- Le dije, ella se relamió.

Sin darnos cuenta, el ocaso había dado paso a una inquietante oscuridad. La luna llena asciende por el horizonte tropical y el aire impregnado con los sonidos de la jungla sopla cálido aún. Nilo se levanta, me mira y yo la sigo. Con extrañeza percibo la elegancia de sus movimientos felinos y como mi cuerpo imita su andar. Me guía, ambas nos adentramos en el hueco del árbol y allí aparece Khor. Siento una inmensa alegría al verle. Porta una tea y está rodeado por las luciérnagas.

– Enhorabuena, estas lista para atravesar la primera puerta.

Asiento dichosa y agarro su mano. Entonces Nilo suelta un gruñido lastimero. Debo despedirme de ella. Acaricio su lomo y beso su cabeza, la escucho ronronear. No estoy triste porque presiento que de alguna manera, ella es parte de mí y yo parte de ella. Khor extiende su mano para abrir el portal y me lanzo al vacío en pos de mi próximo destino.

CONTINUARÁ…

 Los viajes de Hada (IV). El laberinto de los gnomos y la máscara de fuego: http://mazodedescartes.com/2014/10/17/los-viajes-de-hada-iv-el-laberinto-de-los-gnomos-y-la-mascara-de-fuego/

 

Autor: Morgana

Crea magia con tus propias manos porque como un sabio dijo un día "la vida es sueño y los sueños, sueños son."

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