Mazo de descartes

Los viajes de Hada (IV). El laberinto de los gnomos y la máscara de fuego.

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caves_878_600x450Una absoluta oscuridad me rodea. Tan solo un leve recuerdo de luz se extiende a mi espalda, pero muy lejos de mí, casi en el olvido. Noto la presencia de Khor, el elfo del Lago delante de mí, hace bien el trabajo de guía. Puedo notar un olor a humedad muy fuerte, a pozo y un murmullo de agua lejana llega hasta mis oídos. ¿Dónde estamos?

El elfo suelta un gruñido como si estuviese contrariado, intenta producir una llama con al parecer dos piedras. ¡Zas! justo al tercer intento una gran chispa naranja-azulada prende la gema que Khor porta en la punta de su vara. Cuando atisba mi cara de sorpresa, rie con esa bella sonrisa élfica que derretiría al más anciano de los glaciares.

– Es la Gema del Azul, un tesoro de la reina Thais. Fue un regalo del mismísimo Dolbin, rey de los Gnomos, de quien seremos huéspedes en este viaje.

– ¿Los gnomos? ¡Debe de tratarse de una broma!

Ante mis palabras incrédulas, Khor orienta la gema y una luz débil, casi púrpura desvela el misterio del oscuro lugar que nos acoge. Las paredes pertenecen a la tierra, centenares de estalagmitas y estalactitas cuelgan del techo o brotan del suelo en medio de un jardín de piedra siempre bien alimentado por el agua que resbala entre ellas, tallando figuras insólitas. Se oye el lento goteo del agua al compás de nuestros pasos. Observo a Khor mientras camino detrás de él, su piel se ha vuelto pálida hiel adquiriendo el aspecto de una criatura albina. Todo él es especial. Nos adentramos en una gruta muy estrecha, casi claustrofóbica tanto que tenemos que gatear. De pronto un leve temblor sacude el suelo. ¡No! el techo se nos vendría encima. Me agazapo y cubro la cabeza con mis manos. En un instante que me parece una eternidad el temblor cesa.

-¿Te encuentras bien Hada?- Me pregunta preocupado- No te asustes, estamos cerca de la ciudad subterránea y de la mina.

 Cuando al fin conseguimos dejar atrás el tubo y salir a una parte más espaciosa, no puedo creer lo que ven mis ojos. content_glowworm-cave

– Khor, ¿Estamos viendo el cielo nocturno?

– No Hada. No son las estrellas del firmamento lo que ves

La cúpula de la gruta hasta este momento oscura, ahora está salpicada de luces que titilan cual estrellas en la noche. Los suaves destellos desprendidos al reflejar la luz azulada de la gema, se extienden hacia el infinito iluminando las paredes y el profundo abismo que se abre a pocos metros de nosotros. Entonces caigo en la cuenta de lo que podría ser…

-¿Diamantes Khor?

– Así es, nos encontramos en una mina de diamantes.

En esos momentos se escucha un fuerte estruendo, como el desprendimiento de piedras en un precipicio. Khor me ordena alto con su brazo y se coloca delante de mí protegiéndome. Desenvaina su espada. Vemos unas sombras que se acercan hacia nosotros mientras ascienden por las paredes del abismo. En ese momento un ejército de pequeñas criaturas aparece ante nosotros. De tez pálida y orejas picudas, no miden más de medio metro de estatura. Sus vestiduras son las propias de un guerrero y sus cabezas en lugar de cabello se adornan con símbolos pintados en distintas tonalidades. Algunos llevan arcos y otros pequeñas dagas. El más corpulento de ellos, si se puede llamar así, es quien nos habla:

– ¿Quiénes sois intrusos? ¿Qué hacéis en los dominios de la ciudad de Dolbin?

-Soy Khor, enviado de la Reina Thais del Lago y esta muchacha es Ella.

El pequeño ser me observa atentamente y luego lanza una mirada cómplice hacia sus compañeros.

– No puede ser Ella. Desapareció hace decenios. ¡Osáis engañarnos!- Dice con furia aquella criatura intentando alzar la voz.

¿Ella? No comprendo nada ¿Quién es Ella?. El elfo volvió a extender su mano armada como precaución.

– No quiero haceros daño, no me costaría tan siquiera dos gotas de sudor. Queremos ver al Rey Dolbin.

Nada más decir esto, un nuevo temblor sacude las cavernas. El suelo se retuerce y agrieta, el abismo está tan cerca… De las grietas comienzan a surgir cristales blancos, brillantes y puntiagudos. Debemos apartarnos pues son como cuchillos amenazadores. ¡Clas! ¡Clas! Se oye desde las paredes. De pronto puntas azuladas de cristal salen disparadas hacia nuestros cuerpos. Khor esquiva una y otra. Otras tantas se dirigen hacia mi cuerpo, no creo que las pueda evitar y el elfo está tan lejos de mí. Moriré ensartada por hermosas dagas de diamante, cruel destino. Justo cuando ya no creo en la salvación, el ser con un movimiento de manos, derriba el doloroso ataque diamantino.

– A mi tampoco me costaría dos gotas de sudor mataros. Sin embargo, habéis despertado mi curiosidad, os llevaré ante Dolbin. Mi nombre es Akoln, Jefe de la Guardia del Rey.

Las criaturas nos rodean y seguimos a Akoln hacia la ciudad subterránea. Los gráciles y torpes movimientos de estos fieros guerreros me hacen esbozar una sonrisa. Khor me observa atento y también se rie:

– Son los gnomos, Hada.

Los gnomos. Debía seguir soñando pues en mi mundo no existen. Me dejo guiar por la situación, por mi bravo Khor quien ojalá no fuese producto de mi imaginación.

Continuamos caminando entre las estrechas galerías de las cavernas. Otra vez la noche nos rodea solo que ahora diminutas teas alumbran débilmente el suelo húmedo. Sin apenas apreciarlo, el aire se torna menos enrarecido y los estrechos pasadizos se abren en amplios espacios. Numerosas arcadas adornan las calles de la ciudad; edificios de fachada pétrea, muy recargados a mi gusto, aparecen a un lado y otro. Las farolas son decenas de Gemas del Azul insertadas en la piedra y que proporcionan un aspecto onírico e incluso fantasmal a la ciudad. Entonces los veo. Pequeños hombres y mujeres con gorros rojos picudos, más bien de color púrpura al mezclarse con la luz azul y de vestimenta antigua de colores pastel, pasean por las calles de piedra afanados en sus quehaceres cotidianos. ¿Cómo podía ser aquello? Llegamos al centro de la ciudad. Una amalgama de puestos con comida y ropa inundan las calles tiñendo de alegría y jolgorio una ciudad sumergida en las abisales entrañas de la tierra. Me paro en uno de los tenderetes porque se desprende un aroma que alimenta. Ummmm.

– Son tortas de níscalos caramelizadas- Me explicó el vendedor- Hechas con níscalos recién traídos del Bosque de Dolbin.

Asiento agradecida pues me lo regala con un guiño de ojos, como si me conociese. Le miro con curiosidad y él sonríe con afecto. Así que los dominios de Dolbin se extienden hacia los bosques; me viene a la mente una imagen de gnomos debajo de setas alucinógenas. Son también criaturas de la foresta.

Al fin llegamos a las puertas del palacio. Una gran mole de piedra recubierta con centenares de estalactitas e iluminada por el azul y un blanco diamantino. El pórtico sin embargo es de hierro en su mayoría y se abre para acogernos con hospitalidad. Akoln nos guía y Khor parece conocer el camino. Ya ha estado aquí más veces. Luego de bajar unas sinuosas y nada elegantes escalera, vamos a parar a una sala cuyas paredes están repletas de bonitos tapices, con escenas de faunos en los bosques, grutas y sirenas y un lugar para mí conocido, el bosque helado.

Un fuego arde acogedor en el centro del salón del rey y el mismo monarca disfruta de su calor sentado en un trono de granito con piedras preciosas incrustadas en él.

– Cómo crees que se forman las nieblas en el monte, bella muchacha. Sin nuestras chimeneas nos ahogaríamos con el humo del hogar.- Explica con voz socarrona el anciano monarca. Luego una risotada retumba en todo el reino subterráneo.- Bienvenidos. Os estaba esperando.

Hacemos una reverencia y se acerca a mí. Me llega a las rodillas. Con un pequeño salto levita y se coloca frente a mi. Su pelo es canoso y dos iris grisáceos observan mi rostro turbado ante la intensidad de su mirada. Acaricia mis mejillas para luego rozar con sus vetustas y arrugadas manos el lunar que habita en mi cuello.

– ¿De veras crees que es Ella?- Le pregunta a Khor. Este asiente

-Si tú elfo lo crees, entonces la reina Thais también lo cree y para mí es suficiente. Pero deberá superar la prueba.

-¿Qué prueba, mi Señor? – Pregunto asustada, nadie me había avisado de prueba alguna.

-La búsqueda en el Laberinto.- Sentencia Dolbin.

Nada más decir esto una puerta, como pintada en la pared, se abre. Khor me coge la mano y tira de mi hasta colocarme en el umbral.

-No temas, nada malo te pasará si crees en ti misma. Sigue a tu corazón y hallarás lo que debes encontrar.

No quiero soltar sus manos, para mi ya son algo más que seguridad. Al fin me despido de ellas y Khor me entrega su vara con la gema.

-Algo de mí te guiará en tu viaje. Te estaré esperando al otro lado, como siempre.

 Con un crujido la puerta se cierra a mi espalda y la negra oquedad del miedo solo queda oculta tras la luz azul de la gema. Unas escaleras de caracol me invitan a bajar aún más profundo, el aire se enrarece. Desde arriba puedo observar un gigantesco laberinto de piedra que se retuerce cual serpiente. Elijo el modo de entrar y me adentro en los misterios del mundo. El silencio cada vez pesa más en mi ánimo, solo el eco de mis pasos se pierden al intentar atravesar los muros de roca. Extrañas criaturas se cruzan en el azaroso peregrinar. Luciérnagas amarillas que revolotean a mi alrededor, flores fluorescentes que se cierran al contacto humano, caracoles gigantes que en su carrera agotan mi tiempo de espera. Nadie me guía. Nada me invita a pensar que sigo el camino correcto.

Giro, giro y vuelvo a girar cual veleta entregada al viento. Choco con un callejón sin salida, rectifico y me vuelvo a perder en la agonía de mis pensamientos y el vago latir de mi corazón. De repente un viento gélido, como un vendaval me empuja a correr hacia el lado contrario. ¡No puedo ver nada pues, todo a mi alrededor es polvo! Tropiezo y me caigo haciendo sangrar las rodillas. ¡Como escuece! Al cabo de unos segundos todo a mi alrededor se calma. Después de varios intentos, me siento en una roca y escondo mis lágrimas que resbalan a través de mis dedos. Los sollozos sacuden mi pecho. Una brisa con olor a humedad y putrefacción me provocan una arcada. Me he perdido y no me encuentro.

De pronto mis ojos captan un reflejo en el suelo, algo se mueve. Alumbro con la gema y caigo en la cuenta de que hay un charco cerca de mis pies. Es entonces cuando mi rostro níveo de pánico aparece reflejado en el agua pero…¡un momento! El reflejo cambia, no soy yo. Es el rostro de una niña lo que veo. Una niña que apenas puede hablar con rizos dorados balbuceando en un idioma ininteligible. Cada vez que ríe confiada, burbujas de aire manan de su boca y remolinos de agua aparecen ante sus gráciles movimientos al jugar. Es feliz. ¿Quién es esa niña?

Las palabras del elfo resuenan en mi cabeza “Sigue a tu corazón.” Khor sigue estando conmigo, no me abandona. El corazón me dice que aquella niña feliz bien podría ser yo misma. Aquella imagen y la voz del elfo me dan fuerzas para continuar. Cierro los ojos y dejo que mi instinto guie mis pasos. Recorro las callejuelas de piedra siguiendo el rastro del moho en las rocas, ya no hay muros que cortan mi camino. De pronto un reflejo anaranjado se atisba en la lejanía. Algo me dice que continúe hacia la llama. Una vuelta, otra y al fin la primera recta de todo el laberinto. En la línea de meta una llama levita sobre una especie de altar. Me acerco. La hiedra invade la inscripción tallada en la piedra impidiéndome leerla. Sobre la llama se sujeta un gran cofre de plata. Lo cojo con cuidado pues la plata debe estar muy caliente pero no es así, sorprendentemente está tan frio como las paredes de piedra; nada más cogerlo la llama se apaga y vuelvo a quedarme en la oscuridad azulada.

Dentro del cofre hay una máscara, no conozco de que material está hecha pero se que debo colocármela. Nada más sentirla en el rostro noto un calor recorriéndome las entrañas, miro en el espejo del agua y veo que mi cuerpo ¡está ardiendo! Sin embargo no me quemo, no siento dolor. Soy una bola de energía y resplandezco. Vuelvo a mirar al cofre y entonces veo algo que antes no estaba. Una llave de plata. La cojo con rapidez y la meto en la cerradura que se esconde detrás del altar, en el muro de piedra. Giro dos veces a un lado y luego dos veces al otro, tal como el jefe de la guardia real había hecho con la puerta del palacio del rey gnomo. El muro se gira y una intensa luz matinal ciega mis ojos. ¡Estoy fuera! Salgo a la luz del sol y esperándome allí se encuentra Khor. Sin importarme el protocolo que debía haber entre nosotros le abrazo y él me devuelve el abrazo.

– ¡Has cruzado la segunda puerta Hada! ¡Lo lograste!

Respiro el aire puro del bosque y escucho el trino de los pajarillos por primera vez después de días de oscuridad y silencio. Una multitud de gnomos con sus caperuzas rojas nos rodea. Todos murmuran y miran hacia la máscara que aun tengo puesta.

– Es Ella. Sí, lo es.

  Akoln nos invita a compartir un banquete organizado en mi honor. Pronto debería emprender el viaje para cruzar la última puerta pero en estos momento es la hora de comer….

CONTINUARÁ….

Autor: Morgana

Crea magia con tus propias manos porque como un sabio dijo un día "la vida es sueño y los sueños, sueños son."

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